Llamaremos “escuelas inteligentes” a las que se
mantienen atentas a todo posible progreso en el campo de la enseñanza y del
aprendizaje.
A nuestro juicio, la escuela
inteligente debe poseer tres características:
Estar informada: en la escuela inteligente, los directores, los docentes e incluso los
alumnos saben mucho sobre el pensamiento y el aprendizaje humanos y sobre su
funcionamiento óptimo. También saben mucho sobre el funcionamiento óptimo de la
estructura y de la cooperación escolar.
Ser dinámica: este tipo de escuelas no necesita sólo información sino un espíritu
enérgico. Las medidas que se toman tienen por objeto generar energía positiva
en la estructura escolar, en la dirección y en el trato dispensado a maestros y
alumnos.
Ser reflexiva: la escuela inteligente es un lugar de reflexión en la doble
connotación del término: atención y cuidado. En primer lugar, quienes la
integran son sensibles a las necesidades del otro y lo tratan con deferencia y
respeto. En segundo lugar, la enseñanza, el aprendizaje y la toma de decisiones
giran en torno del pensamiento. Como
veremos más adelante, es de capital importancia colocar el pensamiento en el
centro de todo cuanto ocurre.
Informada, dinámica y reflexiva, tales son las
características de la escuela inteligente. Estas características no son
revolucionarias. Son propias del sentido común (pero no de su práctica). En la
mayoría de las escuelas, los directores, docentes y alumnos carecen de
información suficiente sobre la enseñanza, el aprendizaje, el pensamiento, la
colaboración y otros elementos indispensables para un funcionamiento óptimo.
Los niveles de energía son generalmente bajos, las frustraciones son
incontables y, lo que es peor, el pensamiento no ocupa un lugar esencial ni en
el proceso de aprendizaje ni en el trabajo conjunto.
"La escuela inteligente"
David Perkins
Facundo Valeriano
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