Como todo proceso, el de enseñanza aprendizaje
requiere ser evaluado, para comprobar que su marcha hacia el objetivo esté en
el ritmo y en la dirección correcta. Lo que debe entenderse es que evaluar en
la escuela no debe ser visto como un obstáculo para el estudiante sino como un
instrumento para descubrir sus logros y sus flaquezas, pero en este último
caso, solo para corregirlas. El profesor no evalúa únicamente al alumno cuando
toma un examen, se evalúa a sí mismo. Si todo un curso, o la mayoría, ha
desaprobado un examen, deberá variar sus estrategias, reformularse consignas,
pensar si el contenido no es demasiado elevado para ese grupo, si estuvo bien
explicado, si ha sido correctamente comprendido, etcétera.
Evaluar nos brinda información, ya sea de procesos o de resultados, según
el tipo de evaluación de que se trate. Puede además del alumno singular,
evaluarse el aula, la institución escolar o el sistema educativo en general.
El resultado de la evaluación nos otorgará datos cualitativos
y cuantitativos que deben hacer surgir un plan de acción.
No debe entenderse que se evalúa solo con exámenes,
también se evalúa el comportamiento, la actitud hacia el aprendizaje, la
solidaridad hacia el grupo, la disposición para aprender, la participación
activa, la responsabilidad, etcétera, pues el fin a lograr en los educandos, no
es solo una acumulación de datos, ni el manejo correcto de contenidos
procedimentales, sino una formación integral, para lograr seres humanos dignos
y provechosos para sí mismos y para los demás.
Además debemos tener en cuenta que debemos evaluar nuestras propias
técnicas de evaluación para ver si se adaptan al contexto, si son pautas
claras, si son acordes a los fines pretendidos,
etcétera.
En mi práctica docente he
observado la utilidad de la devolución de los exámenes, pues de lo contrario el
alumno opta por alegrarse o frustrarse con la calificación obtenida y guardar
el examen como un simple número que lo calificó como alumno exitoso o
fracasado.
El examen debe analizarse, corregirse en clase, explicarse el por qué de
los errores, y volverse a tomar, con consignas similares, luego de
reflexionarse sobre el mismo, para que se sienta que es un instrumento para el
aprendizaje y no un fin en sí mismo, y para comparar resultados de progreso.
Se debe explicar que a lo largo de la vida somos evaluados constantemente,
en nuestro trabajo, en nuestras familias, por parte de nuestros amigos, y
obtendremos buenas o malas calificaciones según el esfuerzo que hagamos para
que nuestros actos resulten correctos o socialmente aceptables; y en general,
tanto en las evaluaciones escolares, como las en las pruebas que la vida nos
toma día a día, existen segundas, y por qué no, terceras oportunidades.
http://educacion.laguia2000.com/evaluacion/evaluar-en-la-escuela
Facundo Valeriano